El presidente venezolano Nicolás Maduro se encuentra aislado en medio de una escalada militar estadounidense liderada por Donald Trump . Se...
El presidente venezolano Nicolás Maduro se encuentra aislado en medio de una escalada militar estadounidense liderada por Donald Trump. Según un informe del Wall Street Journal, ni Rusia, ni China, ni siquiera Irán, planean intervenir en defensa del régimen chavista si Washington opta por acciones decisivas para derrocarlo. Esta revelación llega en un momento crítico, con la administración Trump desplegando unos 15.000 efectivos y buques de guerra avanzados en el Caribe, enmarcados como una operación contra el narcotráfico, pero con el claro objetivo de presionar por la salida de Maduro, a quien se califica de líder de una organización terrorista vinculada al tráfico de drogas.
El abandono de estos aliados tradicionales no es casual. Rusia, agotada por su invasión a Ucrania, prioriza ahora un posible acuerdo de paz favorable con la nueva administración Trump. Moscú busca normalizar relaciones con Estados Unidos, alejándose de sus antiguos peones socialistas en Hispanoamérica. En lugar de arriesgarse por Venezuela, el Kremlin apuesta por fortalecer lazos con soberanistas europeos como Orban en Hungría o Le Pen en Francia, posicionándolos como contrapeso a la Unión Europea. Analistas rusos, citados en el WSJ, insisten en que "Rusia no ayudará a Maduro más allá de lo que ya ha hecho", refiriéndose a envíos pasados de armas y entrenamiento militar por valor de más de 12.000 millones de dólares. Sin embargo, con el eje de autoritarismo debilitado por la guerra ucraniana, Putin ha ratificado un tratado vago de "asociación estratégica" con Caracas, pero sin compromisos concretos de recursos nuevos. Esta postura se asemeja a la pasividad rusa durante la reciente guerra de 12 días entre Irán e Israel, donde Moscú ofreció solo cobertura diplomática.
China, por su parte, está inmersa en sus propias batallas económicas. Pekín enfrenta tensiones comerciales con Trump, quien amenaza con aranceles del 60% sobre importaciones chinas, y se centra en negociaciones para evitar una escalada. El gigante asiático ha invertido miles de millones en Venezuela a cambio de petróleo y minerales, pero con la producción petrolera chavista colapsada por sanciones y mal manejo, Beijing ve a Maduro como un activo tóxico. En lugar de gastar capital político en un enfrentamiento con EE.UU., China prefiere gestos simbólicos, como radares defensivos o reparaciones de aviones solicitadas por Maduro el mes pasado. Un reciente acuerdo de comercio libre sin aranceles con Caracas parece más un salvavidas económico que una apuesta militar. Expertos destacan que Xi Jinping, ocupado con la desaceleración interna y disputas en Taiwán, no arriesgará su relación con Trump por un aliado periférico.
Irán, el tercer pilar del "eje antiimperialista", también da la espalda. Teherán, golpeado por su breve conflicto con Israel y sanciones asfixiantes, ha proporcionado drones y ayuda para la industria petrolera venezolana, pero su capacidad es limitada. Maduro solicitó misiles y tecnología de defensa a los tres países en una carta desesperada revelada por el Washington Post, pero las respuestas han sido tibias: solo palabras de solidaridad en la ONU, sin compromisos reales. Cuba e Nicaragua, otros socios, están igualmente debilitados por crisis económicas y no representan una amenaza creíble para la Armada estadounidense.
Esta deserción colectiva marca el fin de la era de Hugo Chávez, quien usó las reservas petroleras para tejer una red de resistencia "bolivariana" contra Washington. Préstamos chinos por 60.000 millones de dólares, aviones rusos y médicos cubanos sostuvieron el régimen, pero desde 2013, con Maduro al mando, la hiperinflación, la migración masiva de siete millones de venezolanos y el embargo petrolero de 2019 han erosionado todo. Hoy, Venezuela es un "puerto franco" para operaciones de Hezbolá, Wagner y expansión ideológica, según críticos como el exembajador republicano Roger Noriega, pero sin respaldo firme, Maduro depende de mercenarios y propaganda.
La escalada trumpista no solo busca desmantelar el narcotráfico —que usa rutas venezolanas para inundar EE.UU. con fentanilo y cocaína—, sino expulsar influencias rusas, chinas e iraníes del hemisferio occidental. Trump ha calificado el despliegue como "tolerancia cero" contra el "socialismo del siglo XXI", que ve como una base para guerra asimétrica. Fuentes de Fox News indican que el foco está en "sacar a Rusia, China e Irán de América", más allá de Maduro.
Para Caracas, el panorama es sombrío. Sin aliados potentes, el régimen podría colapsar ante una intervención directa o indirecta, como apoyo a la oposición liderada por Edmundo González. Maduro responde con retórica belicista, marchas antiimperialistas y alianzas residuales, pero analistas como Vladimir Rouvinski advierten: "La red de aliados se desmorona". En este tablero geopolítico, Venezuela aprende que las alianzas ideológicas son huecas cuando los misiles se acercan. El futuro depende de si Trump presiona hasta el límite o opta por diplomacia coercitiva, pero para Maduro, el reloj corre en contra.





.png)



COMMENTS