Donald Trump ha irrumpido con dureza en la crisis electoral de Honduras apenas 48 horas después de los comicios presidenciales del 30 de n...
Donald Trump ha irrumpido con dureza en la crisis electoral de Honduras apenas 48 horas después de los comicios presidenciales del 30 de noviembre. En una serie de mensajes en Truth Social y X, el presidente electo de Estados Unidos acusó directamente al gobierno de Xiomara Castro y al Consejo Nacional Electoral (CNE) de intentar “un robo descarado” al detener abruptamente el conteo oficial cuando el candidato opositor Nasry “Tito” Asfura lideraba por apenas 512 votos con el 47,3 % de las actas procesadas.
El corte ocurrió a las 00:07 del 1 de diciembre, siete horas después del cierre de urnas, sin explicación oficial. Desde entonces, el portal del CNE permanece congelado y sus tres magistrados —dos afines al oficialista Libre y uno opositor— no han comparecido ante la prensa. Fuentes internas citadas por el diario El Heraldo aseguran que la presidenta Castro convocó de urgencia al Alto Mando militar y a los embajadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua en una reunión que se prolongó hasta la madrugada.
Según los datos oficiales paralizados, Tito Asfura (Partido Nacional) obtenía 50,02 % frente al 49,98 % de Salvador Nasralla (Liberal), con una diferencia de solo 512 votos de un total de 1,8 millones escrutados. Sin embargo, las actas físicas en poder de los partidos opositores y las tendencias de los conteos rápidos de medios independientes como Televicentro y HCH daban a Asfura una ventaja irreversible de entre 4 y 6 puntos cuando se alcance el 100 %.
La reacción de Trump fue inmediata y contundente: “El pueblo hondureño votó masivamente contra el socialismo del siglo XXI que ha destruido su país. Si el régimen de Xiomara Castro consuma este fraude, habrá consecuencias graves para Honduras. Estados Unidos no tolerará más narco-estados socialistas en nuestro hemisferio”. El mensaje, publicado a las 4:12 a.m. hora de Tegucigalpa, fue replicado por el futuro secretario de Estado Marco Rubio y por la próxima embajadora en la OEA, Carrie Filipetti, quien advirtió que “la Ley Magnitsky y la lista Engel están listas para usarse”.
En Honduras, la tensión es máxima. Miles de simpatizantes de Asfura y Nasralla se concentran desde el amanecer frente a la sede del CNE en Tegucigalpa exigiendo la reanudación del conteo. La Policía Militar, leal al gobierno, ha desplegado tanquetas y gases lacrimógenos en los accesos. En San Pedro Sula, el comando de campaña de Nasralla denunció que camiones del Ejército intentaron incautar urnas en Cortés y Yoro, bastiones opositores.
Organismos internacionales guardan un silencio inquietante. La OEA, que desplegó 84 observadores, aún no emite informe preliminar. La Unión Europea se limitó a “llamar a la calma”, mientras la administración Biden saliente —en sus últimos días— solo pidió “transparencia” sin mencionar fraude.
Fuentes de Mar-a-Lago aseguran que Trump sigue el minuto a minuto de la crisis y ya ordenó al equipo de transición preparar un paquete de medidas que incluiría la suspensión inmediata de la remesas (que representan el 27 % del PIB hondureño), congelamiento de cuentas de funcionarios de Libre en bancos estadounidenses y posible revocación del TPS a 44.000 hondureños. Además, circula la versión de que aviones de reconocimiento RC-135 de la Fuerza Aérea de EE.UU. han incrementado los sobrevuelos sobre el espacio aéreo hondureño desde el lunes.
En el Congreso hondureño, la bancada nacionalista y liberal —que suman mayoría— anunció que desconocerá cualquier resultado que no continúe el conteo oficial. Salvador Nasralla declaró: “Si nos roban esta elección, Honduras vivirá su propia versión de Venezuela 2013”. Mientras tanto, Xiomara Castro guarda silencio desde la Casa Presidencial, protegida por un anillo de seguridad cubano-venezolano.
A 50 días de la toma de posesión de Trump, Honduras se convierte en el primer test de su prometida política de “tolerancia cero” contra los gobiernos socialistas en América Latina. El mensaje es claro: quien intente perpetuarse mediante fraude enfrentará no solo sanciones, sino la presión directa del hombre que regresa a la Casa Blanca con más poder que nunca.





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