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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recibido al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en su residencia de Mar-a-Lago, en Palm Beach (Florida), en una reunión de alto nivel destinada a avanzar en el plan de paz para Ucrania que la administración Trump ha impulsado desde su toma de posesión. El encuentro, que ha durado más de cuatro horas y ha incluido a asesores clave de ambos líderes, ha sido calificado por Trump como “muy productivo” y ha concluido con la promesa de que “habrá un acuerdo sobre seguridad sólido” para Ucrania, en un momento en que la guerra entra en su cuarto año con avances rusos en el Donbás y fatiga creciente en el apoyo occidental.
Zelenski, que llegó a Florida en un vuelo directo desde Kiev, ha declarado antes de la reunión que “las decisiones para el acuerdo dependen de nuestros socios”, subrayando la necesidad de garantías firmes que protejan a Ucrania de futuras agresiones rusas. El líder ucraniano ha insistido en que cualquier pacto debe incluir la retirada total de tropas rusas de los territorios ocupados desde 2022, el reconocimiento internacional de las fronteras de 1991 y mecanismos de seguridad que vayan más allá de promesas verbales. Fuentes cercanas a la delegación ucraniana han filtrado que Zelenski ha presentado un documento de 20 puntos que combina concesiones territoriales limitadas con demandas de reparaciones y acceso a la OTAN en un horizonte de 10 años.
Trump, por su parte, ha sido más optimista: en declaraciones a la prensa al término del encuentro, ha asegurado que “estamos muy cerca de un acuerdo que pondrá fin a esta guerra horrible y salvará miles de vidas”. El presidente estadounidense ha revelado que el plan contempla un alto el fuego inmediato, intercambios masivos de prisioneros y un fondo de reconstrucción financiado con activos rusos congelados, estimado en 500.000 millones de dólares. Trump ha enfatizado su “relación personal” con Putin, afirmando que “he hablado con él y sabe que hablo en serio: queremos paz, pero una paz justa”. Ha prometido que EE.UU. liderará las garantías de seguridad, con un pacto multilateral que incluya a Reino Unido, Francia y Alemania, pero sin adhesión inmediata de Ucrania a la OTAN para evitar “provocaciones” a Moscú.
El encuentro ha sido el primero cara a cara entre ambos líderes desde la toma de posesión de Trump, y llega tras semanas de diplomacia intensa: emisarios estadounidenses han viajado a Moscú y Kiev para sondear posiciones, mientras Zelenski ha reducido sus demandas públicas de “victoria total” para facilitar las negociaciones. La reunión en Mar-a-Lago, con su ambiente informal y lejos de los focos de Washington, ha sido vista como un gesto de Trump para “humanizar” el proceso y proyectar su estilo personal en la resolución del conflicto.
La reacción internacional ha sido mixta: aliados europeos como Polonia y los bálticos han expresado “preocupación” por posibles concesiones territoriales, mientras Reino Unido y Alemania han respaldado la iniciativa como “el único camino realista”. En Rusia, el Kremlin ha confirmado que “estudia” las propuestas, pero ha advertido que “no aceptará diktats”. En Ucrania, la oposición ha criticado a Zelenski por “ceder ante Trump”, con manifestaciones en Kiev exigiendo “no a la paz de capitulación”.
El plan, que podría firmarse en una cumbre en enero de 2026, representa la mayor apuesta diplomática de Trump en política exterior. Si logra el acuerdo, consolidaría su imagen como “pacificador”; si falla, podría agravar la escalada en un conflicto que ya ha costado cientos de miles de vidas. Zelenski regresa a Kiev con promesas de seguridad, pero con la presión de un pueblo que no olvida las pérdidas. Trump, por su parte, ha cerrado la reunión con una frase que resume su visión: “Habrá paz, y será una paz fuerte”. El mundo espera si 2026 será el año del fin de la guerra o de una nueva fase de incertidumbre.





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