El Gobierno ha alcanzado un acuerdo con Podemos para poner en marcha una regularización de inmigrantes a gran escala que permitirá obtener...
El Gobierno ha alcanzado un acuerdo con Podemos para poner en marcha una regularización de inmigrantes a gran escala que permitirá obtener permisos legales a cientos de miles de personas sin pasar por un debate específico en el Congreso. La medida, que se articulará mediante un procedimiento administrativo acelerado, establecerá como principal requisito acreditar una residencia continuada en España de al menos cinco meses, un umbral notablemente inferior al de procesos similares aplicados en etapas anteriores.
Según el planteamiento inicial, el Ejecutivo calcula que el proceso beneficiará a alrededor de medio millón de personas en una primera fase, aunque Podemos ha manifestado su intención de ampliar el alcance hasta superar el millón de regularizaciones. El objetivo declarado es integrar en el sistema legal a una parte sustancial de la población migrante que actualmente se encuentra en situación irregular, facilitar su acceso al mercado laboral y reforzar la recaudación fiscal y las cotizaciones a la Seguridad Social.
El diseño del procedimiento busca evitar bloqueos parlamentarios y acelerar su aplicación. La regularización se aprobará a través de instrucciones internas y desarrollos reglamentarios que permitirán a las oficinas de extranjería tramitar de forma extraordinaria miles de expedientes en un periodo reducido de tiempo. De este modo, el Gobierno pretende esquivar un debate largo y polarizado en las Cortes, consciente de la sensibilidad política del asunto y de la oposición frontal de varios partidos.
La exigencia de cinco meses de residencia se convertirá en el eje central del proceso. Bastará con acreditar presencia continuada en el país mediante empadronamiento, certificados municipales, informes de entidades sociales o cualquier documento oficial que permita demostrar estancia efectiva. No será necesario contar con una oferta de trabajo previa ni acreditar medios económicos suficientes en el momento inicial, aunque sí se exigirá un compromiso de integración y la ausencia de antecedentes penales graves.
Desde Podemos se defiende que la medida responde a una realidad incontestable: cientos de miles de personas trabajan y viven en España sin derechos plenos, en sectores clave como la agricultura, la hostelería, la construcción o los cuidados. Para la formación morada, regularizar no solo es una cuestión humanitaria, sino también una herramienta económica para combatir la economía sumergida, aumentar ingresos públicos y garantizar condiciones laborales dignas.
El PSOE, por su parte, ha aceptado el planteamiento como una solución pragmática ante la presión del mercado laboral y el envejecimiento de la población activa. En los últimos meses, distintos ministerios han alertado de la falta de mano de obra en determinadas actividades, especialmente en campañas agrícolas y servicios esenciales. La regularización permitiría cubrir vacantes, reducir la contratación irregular y estabilizar sectores estratégicos.
Sin embargo, el acuerdo ha generado inquietud dentro y fuera del propio Ejecutivo. Algunas voces socialistas consideran que la magnitud del proceso puede provocar un efecto llamada difícil de gestionar y complicar el control de flujos migratorios. También existen dudas sobre la capacidad administrativa para absorber un volumen tan elevado de solicitudes sin colapsar los servicios de extranjería, ya tensionados por los trámites ordinarios.
Las comunidades autónomas y los ayuntamientos serán actores clave en la aplicación de la medida. Los municipios deberán emitir informes de arraigo, certificados de convivencia y acreditaciones de residencia que permitirán iniciar los expedientes. Este papel reforzará la carga de trabajo de los servicios sociales y de atención al inmigrante, que ya funcionan al límite en muchas zonas con alta densidad de población extranjera.
En paralelo, el acuerdo prevé una fase posterior de acompañamiento e integración. Los beneficiarios de la regularización obtendrán inicialmente permisos temporales vinculados a la búsqueda de empleo o al trabajo en sectores deficitarios. Posteriormente podrán acceder a autorizaciones de mayor duración y, en su caso, a la residencia de larga duración. El Gobierno quiere evitar que la regularización se limite a un trámite administrativo y apuesta por un proceso gradual de inclusión social y laboral.
La oposición ha reaccionado con dureza. Varios partidos denuncian que se trata de una regularización encubierta de carácter masivo, adoptada sin transparencia ni control parlamentario. Critican que se rebaje de forma tan drástica el tiempo mínimo de permanencia exigido y alertan de que la medida puede incentivar nuevas llegadas irregulares. También cuestionan el impacto sobre los servicios públicos, la vivienda y el mercado laboral.
En el ámbito social, las organizaciones que trabajan con migrantes celebran el acuerdo como un avance histórico. Consideran que permitirá sacar de la invisibilidad a cientos de miles de personas, reducir situaciones de explotación y mejorar la cohesión social. Subrayan que muchas de las personas beneficiarias llevan años contribuyendo a la economía sin derechos básicos y que la regularización es una cuestión de justicia social.
El calendario previsto apunta a que el proceso comenzará en los próximos meses, con una ventana extraordinaria de varios trimestres para presentar solicitudes. La administración central coordinará los criterios con las delegaciones del Gobierno y establecerá un sistema de citas y tramitación digital para agilizar los expedientes.
La magnitud de la operación no tiene precedentes recientes en España. Si se cumplen las previsiones de Podemos y el número de regularizados supera finalmente el millón de personas, el impacto demográfico, laboral y político será considerable. El Gobierno asume que la medida marcará un punto de inflexión en la política migratoria y se convertirá en uno de los grandes debates de la legislatura.
Mientras tanto, el acuerdo entre PSOE y Podemos consolida una línea de cooperación que apuesta por soluciones estructurales frente a un fenómeno que ya no se percibe como coyuntural. La regularización masiva se perfila como una de las decisiones más relevantes del Ejecutivo en materia social y económica, con efectos que se extenderán durante años en el tejido productivo y en el equilibrio político del país.





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