Las primeras conclusiones de la investigación sobre el grave accidente ferroviario ocurrido el 18 de enero de 2026 cerca de Adamuz (Córdoba...
Las primeras conclusiones de la investigación sobre el grave accidente ferroviario ocurrido el 18 de enero de 2026 cerca de Adamuz (Córdoba) apuntan a la fractura de una soldadura en un raíl concreto —el número 23117 situado en el punto kilométrico 318,7 de la línea de alta velocidad— como factor clave que desencadenó el descarrilamiento del tren de Iryo. Técnicos e investigadores han identificado que esa soldadura se rompió, provocando un vacío en la vía que puede haber obligado a varios vagones del tren a salirse de los carriles y, posteriormente, invadir la vía contigua, donde colisionaron con un tren Alvia que circulaba en sentido contrario.
Según fuentes próximas a las pesquisas, los agentes del Equipo Central de Inspecciones Oculares de Criminalística de la Guardia Civil han documentado el punto exacto de la fractura, donde se aprecia claramente el desprendimiento de un tramo del carril y la soldadura rota, lo que habría generado una inestabilidad progresiva en la vía. Esta anomalía técnica se sitúa como la hipótesis más sólida hasta ahora, aunque la investigación sigue abierta para determinar si fue la causa inicial del descarrilamiento o una consecuencia de otra falla previa en la infraestructura ferroviaria.
El accidente fue uno de los más trágicos en la historia reciente del ferrocarril español: el tren de alta velocidad Iryo 6189, que cubría la ruta Málaga–Madrid, perdió varios de sus últimos vagones tras salir de la vía, y estos acabaron colisionando con el Alvia 2384 que se aproximaba desde la dirección opuesta. El choque resultante provocó decenas de víctimas mortales y cientos de heridos, con cifras que aún se actualizan conforme avanzan las tareas de rescate y atención médica.
Tanto el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, como otras autoridades han señalado que resulta “extraño” que un tramo de vía que había sido renovado recientemente —en mayo de 2025— presente ahora una anomalía de este tipo, especialmente cuando los trenes implicados eran relativamente nuevos y habían pasado sus inspecciones técnicas regulares. El convoy de Iryo descarrilado, fabricado en 2022, había sido revisado apenas tres o cuatro días antes del siniestro, sin que se detectasen fallos significativos. Estas circunstancias añaden complejidad a la investigación, ya que no se esperan defectos de esta índole en infraestructura o material en aparente buen estado.
Los técnicos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) han descartado, por ahora, causas como exceso de velocidad o error humano, ya que ambos trenes circulaban por debajo del límite permitido en ese tramo —unos 205 km/h en el caso del Iryo y 210 km/h en el del Alvia, frente a un máximo de 250 km/h— y los sistemas de señalización no registraron fallos evidentes poco antes del impacto.
Pese a la evidencia de la soldadura rota, las autoridades han pedido cautela a la hora de establecer una relación causal definitiva. La investigación continúa con análisis de laboratorio y peritajes técnicos con el objetivo de determinar si la rotura del raíl fue la causa primaria del descarrilamiento o si surgió como efecto de otro problema estructural o dinámico en el convoy. Entretanto, la tragedia ha llevado al Gobierno a declarar días de luto nacional y a reforzar las inspecciones en otros tramos de la red ferroviaria de alta velocidad.





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