La administración de Donald Trump ha mantenido discusiones preliminares sobre la posibilidad de llevar a cabo un ataque militar contra Irán...
La administración de Donald Trump ha mantenido discusiones preliminares sobre la posibilidad de llevar a cabo un ataque militar contra Irán, según reveló The Wall Street Journal citando a funcionarios estadounidenses familiarizados con el asunto. Estas conversaciones, que se encuentran en una fase inicial y forman parte de la planificación estándar del Pentágono, han explorado opciones como un gran ataque aéreo dirigido a múltiples objetivos militares iraníes, aunque no existe aún un consenso ni se han registrado movimientos de tropas o equipos que indiquen una acción inminente.
El contexto de estas deliberaciones es la grave crisis interna que atraviesa Irán desde finales de diciembre de 2025. Las protestas, inicialmente motivadas por una profunda crisis económica —con una devaluación histórica de la moneda, inflación descontrolada y escasez de bienes básicos—, han evolucionado rápidamente hacia un movimiento masivo de rechazo al régimen islámico. Las manifestaciones se han extendido a las 31 provincias del país, con decenas de miles de personas en las calles de Teherán, Mashhad, Shiraz y otras ciudades importantes, a pesar de los cortes masivos de internet y telefonía impuestos por las autoridades para dificultar la organización y difusión de información.
El régimen ha respondido con dureza: grupos de derechos humanos como Iran Human Rights e informes independientes estiman decenas de muertos —algunos hablan de más de 200 víctimas, incluyendo menores y manifestantes desarmados— y cientos de heridos por disparos de fuerzas de seguridad, Basij y milicias paramilitares. El líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, ha calificado a los manifestantes de "vándalos" y "saboteadores" manipulados por potencias extranjeras, especialmente Estados Unidos e Israel, y ha prometido no ceder ante lo que describe como un intento de desestabilización. Al mismo tiempo, ha acusado directamente a Trump de tener "las manos manchadas con la sangre de iraníes".
Desde Washington, el presidente Trump ha adoptado una postura firme y repetitiva: en publicaciones en Truth Social y declaraciones públicas, ha advertido que, si el régimen mata a manifestantes pacíficos —algo que, según él, es "su costumbre"—, Estados Unidos intervendrá para "ayudar" al pueblo iraní en su búsqueda de libertad. Frases como "estamos listos, cargados y preparados" o "Irán está en grandes problemas" han escalado la retórica, especialmente tras el éxito reciente de la operación estadounidense en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, que parece haber reforzado la percepción de una política exterior más agresiva y dispuesta a actuar con rapidez.
Las discusiones internas sobre un posible ataque aéreo se enmarcan precisamente en estas amenazas: los funcionarios han evaluado sitios específicos, como instalaciones militares clave, que podrían ser objetivos en caso de que la represión se intensifique y provoque una intervención directa. Sin embargo, fuentes consultadas por el WSJ insisten en que no hay decisión tomada, ni preparación logística visible, y que estas conversaciones responden más a la necesidad de tener opciones listas ante una escalada que a un plan activo de guerra.
En Teherán, la respuesta ha sido predecible: el gobierno ha acusado a Washington de fomentar el caos y ha enviado cartas al Consejo de Seguridad de la ONU culpando a EE.UU. de la inestabilidad. Al mismo tiempo, ha amenazado con represalias contra fuerzas estadounidenses en la región si se produce cualquier intervención. Figuras opositoras exiliadas, como Reza Pahlavi (hijo del último sha), han llamado a los iraníes a seguir protestando y han instado a Trump a preparar una ayuda concreta, mientras que algunos analistas advierten que un ataque externo podría paradójicamente fortalecer al régimen al unir a la población contra un enemigo foráneo.
La situación sigue extremadamente volátil. Con las protestas en su segundo fin de semana consecutivo, cortes de comunicación totales y una represión que no cede, el riesgo de una escalada mayor —ya sea interna o con intervención externa— es alto. Trump parece apostar por la presión máxima para forzar un cambio, pero sin un compromiso claro de tropas en tierra, mientras Irán se debate entre la supervivencia del régimen y un posible punto de inflexión histórico. El año 2026 ha comenzado con una intensidad que pocos anticipaban en Oriente Medio.





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