La Comisión Europea ha confirmado que España no notificó formalmente a las instituciones comunitarias la normativa que establece la obligat...
La Comisión Europea ha confirmado que España no notificó formalmente a las instituciones comunitarias la normativa que establece la obligatoriedad de la baliza V16 conectada como único sistema de señalización de emergencias en carretera, una omisión que, según fuentes comunitarias, podría derivar en consecuencias jurídicas para el Estado español. Desde Bruselas se recuerda que cualquier disposición técnica que afecte al mercado interior debe ser comunicada previamente a la Comisión, con el fin de evaluar su compatibilidad con el derecho europeo y evitar obstáculos injustificados a la libre circulación de productos y servicios.
La normativa española fija que, a partir de una fecha concreta, los conductores deberán sustituir los tradicionales triángulos de preseñalización por una baliza luminosa V16 dotada de conectividad, capaz de transmitir la ubicación del vehículo detenido a una plataforma digital. Sin embargo, la Comisión sostiene que esta exigencia no fue sometida al procedimiento de notificación previa previsto en la legislación europea, lo que impide a los servicios comunitarios analizar si la medida es proporcionada, técnicamente justificada y compatible con las normas del mercado único.
Desde la Comisión se subraya que este tipo de obligaciones, cuando imponen características técnicas específicas a un producto, deben ser comunicadas para permitir que otros Estados miembros y los operadores económicos puedan formular observaciones. El objetivo es evitar que una regulación nacional genere barreras de entrada para fabricantes de otros países o limite la competencia de manera indirecta. Bruselas recalca que la falta de notificación no es un trámite menor, sino un requisito esencial dentro del sistema europeo de armonización normativa.
La exigencia de la baliza conectada fue impulsada por la Dirección General de Tráfico, que defiende que este dispositivo mejora la seguridad vial al reducir el riesgo que supone bajar del vehículo para colocar los triángulos y al permitir una gestión más rápida de las incidencias en carretera. Según el planteamiento de las autoridades españolas, la conectividad en tiempo real facilitaría la detección temprana de vehículos detenidos y contribuiría a disminuir accidentes secundarios en vías de alta capacidad.
No obstante, desde Bruselas se insiste en que la finalidad de seguridad no exime del cumplimiento de las obligaciones formales de notificación. La Comisión recuerda que incluso cuando una medida persigue un objetivo legítimo, como la protección de la vida y la integridad de los usuarios de la vía, debe analizarse si existen alternativas menos restrictivas para el mercado y si el diseño técnico impuesto no favorece de facto a determinados proveedores.
La advertencia europea abre la puerta a un posible procedimiento de infracción contra el Estado español, en caso de que se confirme que la norma debió notificarse y no se hizo. En ese escenario, la Comisión podría solicitar explicaciones formales al Gobierno y, si considera insuficientes las respuestas, elevar el caso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Fuentes comunitarias apuntan que una eventual sentencia podría obligar a modificar la normativa o incluso dejarla sin efecto mientras se completa el procedimiento correspondiente.
El Gobierno de España sostiene, por su parte, que la medida se encuadra dentro de las competencias nacionales en materia de tráfico y seguridad vial y que su implantación responde a criterios técnicos y operativos ampliamente estudiados. Sin embargo, el posicionamiento de Bruselas introduce un elemento de incertidumbre tanto para los conductores como para los fabricantes y distribuidores de dispositivos V16, que han adaptado su producción al nuevo marco regulatorio español.
El sector observa ahora con atención los próximos pasos de la Comisión y del Ejecutivo, ante la posibilidad de que se abra un proceso formal que obligue a revisar los plazos de implantación o las condiciones técnicas exigidas. Mientras tanto, la advertencia de Bruselas refuerza el debate sobre hasta qué punto las políticas nacionales de seguridad pueden imponerse sin una coordinación previa a nivel europeo, especialmente cuando afectan directamente al funcionamiento del mercado interior y a la libre competencia entre empresas.





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