El régimen venezolano ha impuesto arresto domiciliario y el uso obligatorio de tobilleras electrónicas a tres reconocidos dirigentes de la...
El régimen venezolano ha impuesto arresto domiciliario y el uso obligatorio de tobilleras electrónicas a tres reconocidos dirigentes de la oposición que fueron excarcelados en los últimos días, una medida que, aunque formalmente implica la recuperación parcial de la libertad, mantiene un férreo control sobre su actividad política, su movilidad y su vida cotidiana. Se trata de Juan Pablo Guanipa, Perkins Rocha y Freddy Superlano, quienes deberán cumplir una serie de condiciones impuestas por los tribunales y los organismos de seguridad del Estado.
Entre las restricciones más relevantes figura la prohibición de salir del país, la obligación de presentarse ante los tribunales cada treinta días y la imposibilidad de realizar declaraciones públicas a los medios de comunicación sin autorización previa. Además, los tres dirigentes están sometidos a arresto domiciliario, lo que limita su desplazamiento incluso dentro del territorio nacional, y permanecen bajo vigilancia electrónica permanente mediante dispositivos colocados en el tobillo.
Diversas organizaciones de derechos humanos y dirigentes opositores han advertido que estas medidas configuran un modelo de excarcelación condicionada que, en la práctica, sustituye la prisión tradicional por un sistema de control político y judicial que busca neutralizar la capacidad de organización, denuncia y liderazgo de figuras críticas del poder. Según estas fuentes, la liberación se produce en un contexto de alta presión internacional y de negociaciones políticas que incluyen, entre otros asuntos, la discusión de una eventual ley de amnistía general.
La situación de Guanipa, Rocha y Superlano se enmarca dentro de un proceso más amplio que, según cifras manejadas por organismos independientes, ha permitido la liberación de al menos 35 personas consideradas presos políticos en las últimas semanas. No obstante, más de 600 personas continúan detenidas por motivos vinculados a la actividad política, la protesta social o la colaboración con sectores opositores, lo que mantiene a Venezuela entre los países con mayor número de presos por razones políticas en la región.
Desde el entorno de los dirigentes excarcelados se subraya que las condiciones impuestas impiden cualquier normalización de su actividad pública. La prohibición de ofrecer declaraciones a la prensa, participar en actos políticos o movilizarse libremente afecta directamente a su capacidad de ejercer liderazgo y de mantenerse en contacto con sus bases. A ello se suma la carga psicológica que supone la vigilancia permanente y la amenaza implícita de regresar a prisión ante cualquier incumplimiento administrativo.
El régimen sostiene que estas medidas responden a procesos judiciales en curso y a la necesidad de garantizar el cumplimiento de decisiones de los tribunales. Sin embargo, la oposición y distintas plataformas de la sociedad civil consideran que se trata de una fórmula de control selectivo destinada a mostrar gestos de apertura sin modificar de fondo la política de persecución. En este contexto, la liberación parcial se interpreta más como una concesión táctica que como un cambio real en la situación de los derechos políticos.
La excarcelación bajo vigilancia se produce además mientras avanza el debate parlamentario sobre una ley de amnistía promovida por el oficialismo, una iniciativa que, según el discurso gubernamental, busca la reconciliación nacional y la pacificación del país. Para los sectores críticos, el texto en discusión podría convertirse en una herramienta para cerrar expedientes judiciales de manera discrecional, condicionando los beneficios legales a la desmovilización política y al silencio público de los beneficiarios.
El caso de estos tres dirigentes pone de relieve la fragilidad de las libertades recuperadas. Aunque ya no se encuentran en centros de detención, continúan sometidos a un régimen de control que limita sus derechos civiles fundamentales y los mantiene bajo constante supervisión estatal. Para la oposición, la pregunta que sobrevuela este proceso es clara: si estas excarcelaciones representan un paso hacia la libertad plena o si, por el contrario, consolidan un modelo de represión más sofisticado, basado no en el encarcelamiento masivo, sino en la vigilancia individualizada y la neutralización política.





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