Nepal pide en la ONU una respuesta urgente al cambio climático tras la devastadora riada que dejó 1.400 muertos y 6.000 desaparecidos.
El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, ha aprovechado su intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas para advertir de que la devastadora riada registrada en agosto en un valle del Himalaya constituye una señal de alarma sobre los efectos del cambio climático. El dirigente nepalí ha reclamado una respuesta internacional más decidida y ha recordado que su país apenas contribuye a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero soporta algunas de las consecuencias más graves del calentamiento global.
El discurso de Balendra Shah situó nuevamente a Nepal en el centro del debate internacional sobre la vulnerabilidad de los países de montaña frente al cambio climático. Ante los representantes de los Estados miembros de la ONU, el dirigente afirmó que la tragedia vivida durante el pasado mes de agosto no debe interpretarse únicamente como un desastre nacional, sino como una advertencia dirigida a toda la comunidad internacional.
Durante su intervención, el primer ministro sostuvo que la catástrofe sufrida en el Himalaya refleja el impacto creciente que el calentamiento global está teniendo sobre regiones especialmente sensibles desde el punto de vista ambiental. Según explicó, el incremento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares, alterando el comportamiento de los ríos y aumentando el riesgo de inundaciones repentinas, desprendimientos de tierra y avalanchas.
Las autoridades nepalíes continúan gestionando las consecuencias de una de las mayores tragedias naturales registradas en la historia reciente del país. Los balances oficiales mantienen la cifra de alrededor de 1.400 fallecidos confirmados y unas 6.000 personas desaparecidas, mientras prosiguen las labores de búsqueda, identificación y asistencia a los afectados.
Una catástrofe que transformó un valle del Himalaya
La riada que golpeó Nepal durante el mes de agosto afectó a varias zonas montañosas del país y provocó una destrucción de gran magnitud en un valle del Himalaya.
El agua, el lodo y los materiales arrastrados por la corriente sepultaron numerosas localidades, destruyeron viviendas, carreteras, puentes e infraestructuras básicas.
Las operaciones de rescate comenzaron inmediatamente después del desastre, aunque las difíciles condiciones del terreno complicaron el acceso de los equipos de emergencia.
Las fuertes pendientes, la destrucción de las vías de comunicación y las condiciones meteorológicas dificultaron durante días la llegada de ayuda a numerosas comunidades aisladas.
Las autoridades movilizaron al Ejército, cuerpos de seguridad, equipos sanitarios y voluntarios para participar en las tareas de evacuación y asistencia humanitaria.
Diversos organismos internacionales colaboraron igualmente con el envío de material sanitario, alimentos, refugios temporales y equipos especializados en búsqueda y rescate.
A pesar de esos esfuerzos, miles de familias continúan afrontando las consecuencias de la catástrofe.
Numerosas personas perdieron sus hogares y muchas comunidades siguen dependiendo de ayuda humanitaria para cubrir necesidades básicas.
El Gobierno nepalí mantiene abiertos distintos programas destinados a reconstruir viviendas, restablecer infraestructuras y recuperar los servicios públicos afectados.
Las autoridades también trabajan en la evaluación de los daños económicos ocasionados por el desastre, cuyo impacto alcanza sectores como la agricultura, el turismo, el transporte y la generación de energía.
Nepal reclama mayor compromiso internacional frente al cambio climático
Durante su intervención en Naciones Unidas, Balendra Shah recordó que Nepal representa únicamente una fracción muy reducida de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Según indicó, el país apenas contribuye con alrededor del 0,1 % de las emisiones globales, pero figura entre los territorios más expuestos a las consecuencias del calentamiento climático.
El primer ministro defendió que existe una importante desigualdad entre los países que más contaminan y aquellos que sufren con mayor intensidad los efectos del cambio climático.
En ese sentido, reclamó una mayor cooperación internacional para facilitar financiación, transferencia tecnológica y programas de adaptación destinados a los Estados más vulnerables.
Shah también hizo referencia al progresivo retroceso de los glaciares del Himalaya, considerado uno de los principales depósitos de agua dulce del planeta.
Los expertos llevan años alertando de que el aumento de las temperaturas acelera el deshielo y modifica el comportamiento de los lagos glaciares y de los cauces fluviales.
Ese fenómeno incrementa el riesgo de inundaciones repentinas y otros eventos extremos que afectan tanto a Nepal como a otros países del sur de Asia.
El dirigente nepalí defendió que la comunidad internacional debe considerar estas amenazas como un desafío compartido que requiere respuestas coordinadas.
Asimismo, insistió en la importancia de reforzar los mecanismos de prevención, alerta temprana y gestión del riesgo de desastres.
La Asamblea General vuelve a situar el clima entre las prioridades
La intervención de Nepal se enmarca en una Asamblea General de Naciones Unidas donde el cambio climático ocupa nuevamente un lugar destacado en la agenda internacional.
Numerosos jefes de Estado y de Gobierno han aprovechado sus discursos para reclamar una mayor ambición en las políticas de reducción de emisiones y adaptación climática.
Los fenómenos meteorológicos extremos registrados durante los últimos años han incrementado la preocupación de la comunidad internacional por el impacto económico, social y humanitario del calentamiento global.
Inundaciones, incendios forestales, sequías prolongadas y olas de calor han afectado a regiones de todos los continentes.
En este contexto, Nepal ha presentado su experiencia reciente como un ejemplo de la vulnerabilidad que afrontan numerosos países en desarrollo.
El Gobierno considera que la tragedia sufrida en agosto evidencia la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para reducir riesgos y mejorar la capacidad de respuesta frente a futuras emergencias.
Las autoridades nepalíes también han reiterado su compromiso con los acuerdos internacionales sobre cambio climático y con las políticas destinadas a proteger los ecosistemas de alta montaña.
Mientras continúan las labores de reconstrucción en las zonas afectadas por la riada, el Ejecutivo mantiene que la recuperación exigirá un esfuerzo prolongado tanto a nivel nacional como internacional.
La evolución de las operaciones de búsqueda y de los programas de asistencia determinará en los próximos meses el alcance definitivo de una catástrofe que, según el Gobierno de Nepal, debe servir como una llamada de atención sobre los desafíos que plantea el cambio climático para las sociedades más vulnerables del planeta.





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