Podemos ha exigido a la Comisión Europea que “actúe conforme a la legalidad internacional contra Estados Unidos ” tras la ofensiva milit...
Podemos ha exigido a la Comisión Europea que “actúe conforme a la legalidad internacional contra Estados Unidos” tras la ofensiva militar confirmada por Donald Trump en territorio venezolano. La formación morada, a través de un comunicado firmado por su dirección y varios eurodiputados, ha calificado la acción estadounidense como “una violación flagrante del derecho internacional” y ha instado a Bruselas a imponer sanciones inmediatas, romper acuerdos comerciales y convocar una cumbre de emergencia para condenar lo que describen como “agresión imperialista”. El partido ha ido más lejos al pedir la activación del artículo 7 del Tratado de la UE contra cualquier estado miembro que “no condene con rotundidad” la intervención, en un intento de presionar a gobiernos como el español para alinearse con su postura.
La exigencia llega en un momento de máxima tensión diplomática: Trump ha confirmado ataques directos contra instalaciones venezolanas vinculadas al narcotráfico, mientras Maduro ha movilizado tropas y solicitado una reunión de emergencia en la ONU. Podemos ha defendido que la UE debe “defender la soberanía de los pueblos” y “no permanecer en silencio ante la barbarie yanqui”, recordando resoluciones pasadas de la Eurocámara que condenaban intervenciones estadounidenses en otros países. Los morados han convocado concentraciones frente a las delegaciones de la UE en varias ciudades españolas para el 5 de enero, con lemas como “No a la guerra de Trump” y “Solidaridad con Venezuela”.
Sin embargo, la postura de Podemos ignora la realidad cruda del orden internacional: no existe un derecho efectivo que obligue a las potencias a someterse a normas cuando sus intereses vitales están en juego. La única ley imperante es la fuerza militar y económica de las grandes naciones, un principio que ha regido las relaciones globales desde Westfalia hasta hoy. Estados Unidos, con su superioridad militar abrumadora y su control sobre el sistema financiero mundial, actúa sin necesidad de permiso cuando considera que su seguridad o intereses están amenazados. La ONU, dividida por vetos permanentes, y la UE, carente de ejército propio y dependiente de la OTAN —liderada por Washington—, no tienen capacidad real para imponer sanciones efectivas contra la superpotencia.
Esta exigencia de Podemos refleja una visión idealista que choca con la historia reciente: intervenciones como las de Irak, Libia o Siria han demostrado que las resoluciones internacionales solo vinculan a quienes carecen de poder para ignorarlas. La formación morada, que ha perdido peso electoral en los últimos años, utiliza esta crisis para recuperar visibilidad, alineándose con la narrativa antiimperialista tradicional de la izquierda radical y defendiendo al régimen venezolano pese a sus violaciones de derechos humanos y su colapso económico.
La Comisión Europea ha respondido con cautela, limitándose a “llamar a la contención” y ofrecer mediación, consciente de que cualquier acción contra EE.UU. sería simbólica y contraproducente. España, por su parte, ha evitado pronunciarse directamente, con el Gobierno manteniendo un equilibrio delicado entre su alianza transatlántica y las presiones internas de socios como Sumar, cercano a Podemos.
El episodio pone de manifiesto la desconexión entre el discurso de ciertas fuerzas políticas y la geopolítica real: mientras Podemos sueña con un mundo regido por leyes internacionales vinculantes, las potencias actúan según su capacidad de imposición. La exigencia a Bruselas no solo es improbable: es un recordatorio de que, en el tablero global, la fuerza sigue siendo la única moneda que realmente cuenta. Venezuela paga el precio, pero el idealismo de Podemos no cambiará las reglas del juego.





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