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En España ha surgido un nuevo actor en el panorama político: FIDES, un movimiento soberanista encabezado por Conor Ohealaigh de Miguel que comienza a dar sus primeros pasos públicos con un discurso fresco y directo. Aunque todavía no se constituye formalmente como partido político, sus promotores ya han iniciado una fase de presentación y escucha activa para evaluar el respaldo ciudadano antes de dar el salto institucional.
El propio fundador explica con claridad la estrategia: «Queremos ver si el pueblo español considera que lo que exponemos es valioso. Si están dispuestos a respaldarnos, estaremos más que encantados y honrados de dar un paso al frente». Esta prudencia refleja un enfoque pragmático que busca evitar la precipitación y construir bases sólidas desde la sociedad civil. FIDES no se presenta como una formación más que ocupa un espacio en el tablero preexistente, sino como una alternativa que cuestiona las categorías tradicionales.
Uno de los rasgos más destacados del movimiento es su rechazo explícito al eje ideológico clásico entre izquierda y derecha. Sus impulsores argumentan que esta división ha quedado obsoleta ante los desafíos reales que enfrenta España: la pérdida de soberanía nacional, la gestión de las fronteras, la defensa de la identidad cultural y la priorización de los intereses de los españoles frente a agendas supranacionales. Tampoco se identifican con el centrismo convencional, al que consideran a menudo diluido y carente de coraje para abordar problemas estructurales.
«Somos pragmáticos y estamos dispuestos a trabajar con cualquiera que quiera hacer lo que los españoles piden», afirman. Esta disposición al diálogo transversal distingue a FIDES de otros proyectos más rígidos. Su discurso pone énfasis en resultados concretos: control de la inmigración, remigración de aquellos que no se integran o incumplen la ley, recuperación de la capacidad decisoria del Estado español frente a organismos internacionales y una política económica que ponga por delante el bienestar de las familias y trabajadores nacionales.
En el plano internacional, Conor Ohealaigh de Miguel reconoce que no existe un espejo exacto de su propuesta, aunque sí existen paralelismos parciales con movimientos europeos que priorizan la soberanía. Menciona especialmente al británico Restore Britain, con el que comparte preocupaciones sobre remigración y la defensa de los intereses nacionales frente a agendas globalistas que, a su juicio, erosionan la cohesión social y cultural de los países europeos.
El nacimiento de FIDES se produce en un contexto de creciente desafección ciudadana hacia las principales fuerzas políticas. Muchos españoles perciben que los grandes partidos, independientemente de su color, han cedido soberanía en materias esenciales como inmigración, economía o legislación, y que las respuestas a problemas cotidianos como la vivienda, el empleo precario o la seguridad en los barrios llegan tarde o son insuficientes. En este escenario, un movimiento que se presenta como soberanista, pragmático y centrado en el interés nacional puede encontrar eco entre sectores que se sienten huérfanos de representación.
Sus impulsores insisten en que FIDES no busca polarizar artificialmente, sino restaurar el principio básico de que un Estado democrático debe servir primero a sus ciudadanos. La fase actual de escucha y difusión será decisiva. Si el respaldo social se consolida, es probable que en los próximos meses se concrete la transformación en partido político y se empiecen a preparar candidaturas para futuras citas electorales.
Conor Ohealaigh de Miguel y su equipo apuestan por un patriotismo constructivo, alejado de nostalgias o extremismos, pero firme en la defensa de la nación como marco de protección y prosperidad. Queda por ver si los españoles perciben en FIDES una propuesta fresca y viable para los retos del siglo XXI. De momento, el movimiento inicia su andadura con ambición moderada y un mensaje claro: poner a España y a los españoles en el centro de las decisiones políticas.





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