Pakistán está consolidándose como uno de los líderes mundiales en la adopción de energía solar, no por la expansión de campos agrovoltaicos ...
Pakistán está consolidándose como uno de los líderes mundiales en la adopción de energía solar, no por la expansión de campos agrovoltaicos ni proyectos industriales a gran escala, sino gracias a una ambiciosa iniciativa gubernamental que facilita a sus más de 240 millones de ciudadanos la instalación de paneles solares en sus hogares. Este movimiento, impulsado por el gobierno de Shehbaz Sharif, busca mitigar los frecuentes cortes energéticos que han azotado al país durante décadas y permitir a las familias generar su propia electricidad, reduciendo su dependencia de una red eléctrica inestable y costosa. La estrategia, que combina subsidios, incentivos fiscales y un sistema de medición neta, ha transformado los tejados de ciudades y zonas rurales en un mosaico de paneles solares, posicionando a Pakistán como el sexto mayor mercado solar del mundo y un modelo de transición energética desde abajo hacia arriba.
El programa, lanzado oficialmente en 2023 con el objetivo de electrificar al menos el 30% de los hogares para 2030, ofrece subsidios de hasta el 80% para hogares de bajos ingresos en provincias como Sindh y Punyab, junto con la exención de impuestos a la importación de paneles solares, principalmente provenientes de China. Esta última fuente ha sido clave, ya que la sobreproducción china ha reducido los costos a tan solo 10 centavos por vatio, un precio que ha acelerado la instalación masiva. Según estimaciones, el país importó 22 gigavatios de paneles en 2024, una cifra que supera la capacidad total de generación eléctrica instalada hace cinco años y refleja un crecimiento exponencial que ha sorprendido incluso a los analistas internacionales. La iniciativa no solo aborda la crisis energética, marcada por apagones de hasta 12 horas diarias en algunas áreas, sino que también responde a las tarifas eléctricas que se han disparado un 155% en los últimos tres años, haciendo que el autoconsumo solar sea más económico que la red.
El impacto es visible en todo el país: desde Karachi, donde los tejados de los barrios residenciales brillan bajo el sol, hasta las zonas rurales de Gilgit-Baltistan, donde comunidades aisladas han instalado sistemas solares básicos para iluminar escuelas y negocios. El sistema de medición neta, que permite a los hogares vender el exceso de energía a la red a precios competitivos, ha incentivado a más de 283,000 familias a adoptar esta tecnología desde octubre de 2024, según datos gubernamentales. Además, el programa incluye la formación de técnicos locales y la creación de microempresas dedicadas a la instalación, generando miles de empleos y fortaleciendo la economía local. En regiones como Lahore, donde las imágenes satelitales muestran una transformación radical en los últimos dos años, los residentes celebran ahorros de hasta un 40% en sus facturas eléctricas, mientras las pequeñas industrias reducen costos operativos.
Sin embargo, esta revolución no está exenta de desafíos. Las empresas de distribución eléctrica han alertado sobre una posible "muerte en espiral" de la red, ya que la disminución de la demanda de electricidad del grid podría aumentar los costos para quienes no pueden permitirse paneles solares, perpetuando desigualdades. El gobierno ha respondido con planes para modernizar la infraestructura y fomentar el uso de baterías de almacenamiento, aunque su adopción masiva aún está limitada por los precios actuales. Expertos también advierten que la dependencia de importaciones chinas podría volverse un riesgo si las políticas comerciales cambian, aunque el gobierno ha iniciado un plan para fomentar la manufactura local de paneles, con una meta de producción nacional para 2027. La iniciativa ha recibido elogios internacionales por su enfoque comunitario, pero también críticas por la falta de una planificación a largo plazo que evite tensiones en el sistema energético.
En redes sociales, la narrativa es mixta: muchos celebran el empoderamiento energético de las familias, mientras otros cuestionan si el gobierno podrá sostener el ritmo sin agravar la deuda pública. El éxito de Pakistán, impulsado por la necesidad más que por una agenda climática explícita, ofrece lecciones globales sobre cómo la presión económica puede acelerar la transición energética, especialmente en países en desarrollo. Con el sol como aliado y una población decidida a tomar el control de su energía, Pakistán no solo alivia sus cortes eléctricos, sino que redefine su futuro energético en un mundo cada vez más consciente del cambio climático.





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