Un hito diplomático ha marcado el fin de décadas de conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, con la firma de un acuerdo de paz mediado por el p...
Un hito diplomático ha marcado el fin de décadas de conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, con la firma de un acuerdo de paz mediado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entre el presidente azerí Ilham Aliyev y el primer ministro armenio Nikol Pashinyan. El evento, celebrado en la Casa Blanca durante una cumbre de emergencia convocada el lunes 4 de agosto, representa el cierre formal de las hostilidades por el enclave de Nagorno-Karabaj, un territorio disputado que ha costado miles de vidas desde 1988, incluyendo los enfrentamientos de 2020 y 2023 que dejaron más de 7,000 muertos según estimaciones de la ONU. Trump, quien ha priorizado la resolución de conflictos globales en su segundo mandato, calificó el pacto como "un triunfo de la diplomacia dura", afirmando que su administración ha logrado lo que otros no pudieron en décadas.
El acuerdo, denominado el "Pacto de Washington para la Paz en el Cáucaso", incluye cláusulas clave como el reconocimiento mutuo de fronteras basadas en el tratado de Alma-Ata de 1991, el retiro de tropas armenias de los territorios azeríes ocupados desde 1994, y un corredor humanitario supervisado por fuerzas rusas para conectar Azerbaiyán con su enclave de Najicheván. Además, se establece un fondo de reconstrucción de 10 mil millones de dólares financiado por EE.UU., la UE y países árabes como Emiratos Árabes Unidos, con un enfoque en la desminado de la región, que se estima que contiene más de un millón de minas antipersonales. Pashinyan, quien ha enfrentado protestas internas por su postura conciliadora, defendió el pacto como "un paso necesario para la supervivencia de Armenia", mientras Aliyev lo celebró como "una victoria histórica" que restaura la integridad territorial de su país.
El rol de Trump ha sido pivotal, con negociaciones que comenzaron en secreto en abril de 2025, tras su reelección, y que involucraron presiones económicas como la amenaza de sanciones a Azerbaiyán si no cedía en el corredor de Zangezur. Fuentes diplomáticas indican que el acuerdo también incluye compromisos de no agresión y cooperación energética, con Azerbaiyán comprometiéndose a suministrar gas a Armenia a precios preferenciales para reducir su dependencia de Rusia. La firma, ante la presencia de representantes de la UE y Rusia, ha sido vista como un éxito para la administración Trump, quien busca posicionar a EE.UU. como mediador global tras sus intervenciones en Ucrania y Oriente Medio.
Las reacciones internacionales han sido mayoritariamente positivas, con la UE aplaudiendo el fin de un conflicto que ha desestabilizado el Cáucaso, aunque organizaciones como Amnistía Internacional han exigido justicia para las víctimas de crímenes de guerra, estimados en más de 1,000 en los últimos años. En Armenia, protestas en Ereván han denunciado el pacto como una "traición", mientras en Bakú se han celebrado fuegos artificiales. El acuerdo podría tener implicaciones para la región, incluyendo la reapertura de rutas comerciales que podrían generar un crecimiento económico del 5% para ambos países según el Banco Mundial, aunque persisten dudas sobre su cumplimiento dada la historia de incumplimientos pasados. Con este pacto, el verano de 2025 cierra un capítulo de violencia en el Cáucaso, pero abre un nuevo de reconstrucción y reconciliación.





.png)



COMMENTS