El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez , y su exsecretario de Organización en el PSOE , Santos Cerdán , han sido pillados en una reunió...
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su exsecretario de Organización en el PSOE, Santos Cerdán, han sido pillados en una reunión secreta con el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, celebrada en un remoto caserío de Navarra el 15 de noviembre de 2025, con el único propósito de pactar los términos de una moción de censura que podría derribar al Ejecutivo actual y recolocar a Sánchez en el poder con apoyos abertzales. El encuentro, que duró tres horas y media bajo la más estricta confidencialidad, fue facilitado por Koldo García, el exasesor ministerial implicado en la trama de mascarillas, quien actuó como chófer y recogió a Sánchez y Cerdán en un punto discreto de Pamplona para llevarlos en un todoterreno negro con cristales tintados hasta el caserío de Zubiri, un enclave aislado rodeado de montes y sin cobertura móvil para evitar rastreos.
En el caserío, una construcción de piedra del siglo XVIII con vistas al río Arga y equipada con un búnker subterráneo para reuniones confidenciales, los tres líderes debatieron un acuerdo que incluye la abstención de Bildu en una hipotética moción de censura contra el actual Gobierno de coalición, a cambio de concesiones en materia de presos etarras, competencias en prisiones y un impulso a la agenda independentista vasca. Sánchez, visiblemente tenso pero determinado, habría ofrecido “garantías de diálogo permanente” sobre el acercamiento de 45 reclusos de ETA a cárceles vascas y un presupuesto extra de 280 millones de euros para infraestructuras en Euskadi, mientras Otegi presionaba por una “hoja de ruta hacia la autodeterminación” que incluya referendos consultivos antes de 2028. Cerdán, como mediador, habría sellado el pacto con un apretón de manos y una promesa de “lealtad mutua” en futuras elecciones autonómicas.
Koldo García, que condujo el vehículo durante los 45 minutos de trayecto ida y vuelta, se mantuvo en el exterior vigilando el perímetro con un walkie-talkie y un termo de café, asegurando que no hubiera filtraciones. El exasesor, que ya acumula cargos por corrupción en el caso de las mascarillas pandémicas, habría cobrado 15.000 euros por el servicio de “transporte seguro”, facturado a través de una empresa pantalla navarra ligada a Cerdán. El caserío, propiedad de un empresario cercano a Bildu, fue elegido por su aislamiento: sin vecinos en un radio de 2 km y con un sistema de alarmas perimetrales que detecta drones o vehículos no autorizados.
El escándalo ha estallado en el peor momento para el PSOE, con Sánchez lidiando una crisis interna por el caso Cerdán y la oposición del PP y Vox exigiendo explicaciones inmediatas. Fuentes internas del partido admiten que el pacto es “una maniobra desesperada” para blindar a Sánchez ante posibles dimisiones masivas, pero critican que involucre a Otegi, un político con pasado etarra que nunca ha condenado la violencia. En el Congreso, la noticia ha provocado un terremoto: el PP ha registrado una moción de reprobación contra Sánchez y ha convocado una rueda de prensa para el lunes, mientras Vox habla de “traición a España” y exige elecciones anticipadas. Bildu, por su parte, ha guardado silencio oficial, pero en redes sus militantes celebran “el fin del bloqueo centralista”.
Socialmente, el encuentro ha generado indignación en Navarra y Madrid, con manifestaciones espontáneas de 2.000 personas en Pamplona bajo el lema “No con mi voto”. En redes, #PactoSecretoSanchez ha superado los 2,5 millones de interacciones en 24 horas, con un 80 % condenando el “blanqueo a Bildu”. Económicamente, el pacto podría costar 500 millones en transferencias extras a Euskadi. Políticamente, hunde a Sánchez, con su aprobación cayendo al 28 %. Este caserío no solo albergó un pacto: albergó la crisis más oscura del sanchismo.





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