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El kambó, un ritual que ha ganado popularidad en los últimos años, especialmente entre turistas en busca de experiencias espirituales, consiste en aplicar la secreción de la rana arborícola "Phyllomedusa bicolor" , originaria de la Amazonía, sobre pequeñas quemaduras en la piel. Promocionado en redes sociales como un “retiro espiritual” o una práctica ancestral para “purificar el cuerpo y el alma”, este procedimiento está generando una creciente alarma entre las autoridades sanitarias debido a sus graves riesgos para la salud.
La secreción de la rana contiene una mezcla de péptidos bioactivos, como la dermorfina y la deltorfina, que actúan de manera agresiva sobre el sistema nervioso, gastrointestinal y cardiovascular. Los efectos inmediatos suelen incluir vómitos intensos, diarrea, mareos, palidez extrema, taquicardia y, en algunos casos, desmayos. Aunque los defensores del kambó lo describen como una “limpieza profunda”, los expertos médicos advierten que estos síntomas no son más que la respuesta del cuerpo a una intoxicación severa.
Estudios clínicos han documentado complicaciones graves asociadas al kambó, incluyendo hepatitis tóxica, psicosis, arritmias cardíacas, insuficiencia renal y hepática, y al menos una docena de muertes reportadas en los últimos años, principalmente en Europa, Estados Unidos y América Latina. En 2019, un caso en Australia llamó la atención internacional cuando una joven falleció tras participar en un ritual de kambó, lo que llevó a la prohibición de esta práctica en ese país.
A pesar de su promoción como una tradición indígena, los antropólogos señalan que el uso del kambó en las comunidades amazónicas era limitado y estrictamente controlado, muy diferente del enfoque comercial actual, donde facilitadores sin formación médica ofrecen sesiones en entornos no regulados. La falta de estudios científicos que respalden cualquier beneficio terapéutico contrasta con la abundante evidencia de sus peligros. Organismos como la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos han emitido advertencias sobre el kambó, desaconsejando su uso.
En redes sociales, influencers y pseudo-chamanes promocionan el kambó con imágenes de retiros en la selva o centros holísticos, omitiendo los riesgos y presentándolo como una experiencia transformadora. Esta narrativa ha atraído a miles de personas, muchas de las cuales desconocen que la “purificación” que experimentan es en realidad el cuerpo luchando por eliminar una sustancia tóxica. Los precios de estas sesiones pueden oscilar entre los 100 y 500 dólares, lo que ha generado una industria lucrativa pero poco regulada.
Las autoridades sanitarias de varios países están intensificando esfuerzos para regular o prohibir esta práctica, mientras que los expertos instan a la población a informarse antes de participar en rituales que, aunque se presenten como “naturales” o “ancestrales”, carecen de respaldo científico y pueden tener consecuencias fatales. La comunidad médica enfatiza que la verdadera purificación no debería implicar poner en riesgo la vida.





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