La tensión en Minneapolis ha escalado drásticamente tras el reciente tiroteo mortal involucrando a un agente federal de ICE durante una op...
La tensión en Minneapolis ha escalado drásticamente tras el reciente tiroteo mortal involucrando a un agente federal de ICE durante una operación de inmigración. El incidente, que ocurrió en el sur de la ciudad cerca de Nicollet y 26th, involucró a agentes que intentaban ejecutar una detención relacionada con una redada de deportación. Según reportes oficiales del Departamento de Seguridad Nacional, el hombre armado —cuya identidad ha sido confirmada por la policía local como poseedor de un permiso legal para portar arma— apuntó o disparó hacia los agentes, lo que provocó que respondieran con fuego letal, resultando en su muerte en el lugar o poco después en un hospital.
Este suceso se produce en un contexto de alta volatilidad, apenas semanas después del controvertido asesinato de Renée Nicole Good el 7 de enero de 2026, una ciudadana estadounidense de 37 años baleada por un agente de ICE en circunstancias disputadas. En ese caso anterior, la versión federal alegó amenaza con un vehículo y arma, pero autopsias independientes y videos de testigos han mostrado que Good fue alcanzada múltiples veces, incluyendo en la cabeza a través de la ventana de su auto, mientras activistas y su esposa la describen como una poeta y observadora no violenta que intentaba documentar o interferir pacíficamente en la redada. Ese evento desató protestas masivas iniciales, con miles marchando en condiciones de frío extremo, exigiendo el fin de las operaciones de ICE en Minnesota y acusando a la administración Trump de militarizar la aplicación migratoria.
La muerte del hombre armado ha avivado aún más el fuego. Manifestantes, indignados por lo que perciben como un patrón de violencia letal por parte de agentes federales en operativos urbanos, salieron rápidamente a las calles. Grupos bloquearon vías clave levantando barricadas improvisadas con contenedores de basura, árboles de Navidad desechados, muebles y otros objetos para impedir el paso de vehículos policiales y federales. En varios puntos, especialmente en el área cercana al lugar del tiroteo y en zonas como Powderhorn Park y Portland Avenue, se prendieron fuego a contenedores y otros materiales, generando columnas de humo negro que se elevaron sobre el horizonte de la ciudad y complicaron la visibilidad y el acceso de emergencia.
La policía de Minneapolis y agentes federales en equipo antimotines respondieron con gas lacrimógeno, granadas aturdidoras y esfuerzos para dispersar a las multitudes, lo que llevó a enfrentamientos esporádicos. Reportes indican que periodistas locales, incluyendo una presentadora de noticias golpeada y rociada con pimienta mientras cubría los hechos, quedaron atrapados en el caos. Autoridades municipales retiraron algunas barricadas en las horas siguientes, pero la tensión persiste con llamados a una huelga general y movilizaciones continuas. El gobernador Tim Walz y el alcalde Jacob Frey han criticado públicamente las tácticas federales, exigiendo investigaciones independientes del FBI y del Departamento de Justicia, mientras que desde Washington se defiende la acción como legítima defensa propia ante amenazas armadas.
Este episodio refleja un punto de inflexión en la oposición a la intensificación de las políticas migratorias, con Minneapolis convirtiéndose en epicentro de resistencia nacional. Activistas vinculan los incidentes a una estrategia más amplia de "Operación Metro Surge", que ha generado choques similares en otras ciudades. La comunidad, marcada por su historia de activismo tras eventos como el asesinato de George Floyd, ve en estos tiroteos un nuevo capítulo de desconfianza hacia las fuerzas federales, alimentando demandas de desfinanciamiento de ICE y protección local para inmigrantes.





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